Algo mas que derecho

Genios de la literatura: de la imaginación a la realidad

Son muchos los autores que escribieron obras literarias donde narran y describen una infinidad de artefactos tecnológicamente adelantados a su tiempo. Julio Verne, Aldous Huxley, Stanley G. Weinbaum, George Wells y varios más, fueron autores de ciencia ficción que pronosticaron -con impresionante exactitud- inventos que hoy en día son una realidad.

Julio Verne es uno de los autores de ciencia ficción más celebrados, pues en sus libros relató historias de hombres que viajaban en cohetes, submarinos y que utilizaban la energía eléctrica. Al leer sus novelas, pareciera que escribió un contemporáneo, pero Verne vivió en el Siglo XIX.

Igor Sikorsky, uno de los primeros en desarrollar un modelo de helicóptero, se inspiró en el relato de 1886 “Robur el Conquistador de Julio Verne, que leyó cuando era niño. En éste se describe una nave aérea capaz de girar de forma lateral y horizontalmente. Fue tanta la inspiración que Sikorsky dijo: “Cualquier cosa que un hombre pueda imaginar, otro hombre puede volverla realidad”.

Simon Lake fue un ingeniero mecánico y naval estadounidense que obtuvo doscientas patentes por sus innovaciones en el diseño de submarinos. Junto a John Holland fue el primero en construirlos en 1898. Diez años antes, Verne ya había imaginado los submarinos, un potente Nautilus que viajaba bajo el mar con el capitán Nemo en “Veinte mil leguas de viaje submarino”.

Además de Verne, George Wells escribió novelas de ciencia ficción como“La guerra de los mundos” (1898),“El hombre invisible”(1897) y “Los primeros hombres de la luna”(1901), donde se describen cohetes que viajan al espacio. Años después, el científico Robert Goddard leyó estas obras y decidió dedicar su vida a los viajes espaciales; lanzó su primer cohete en 1926.

Y no sólo fue este invento lo que inspiró Wells; en su novela “The World Set Free” (1914) contó la historia de una guerra mundial donde surge la energía atómica. Veinte años después, el físico húngaro Léo Szilárd leyó la novela y resolvió el problema de cómo crear una reacción nuclear en cadena, consiguiéndolo en 1933.

El escritor norteamericano Stanley G. Weinbaum, en su cuento “Pygmalion’s Spectacles” (1935), mencionó unos lentes que permitían estar en una película y conversar con sus protagonistas; muy similar a lo que conocemos hoy como realidad virtual.

Años después, “Neuromante” (1984), escrita por William Gibson, y “Snow Crash (1992), escrita por Neal Stephenson, dieron lugar al término avatar para referirse a la identidad virtual que las personas adoptan en el Internet.

Arthur C. Clarke, autor de “2001: Odisea del espacio” (1968), propuso la creación de un satélite que diera la vuelta a la Tierra en su órbita en la misma dirección. La novela no fue tomada como un aporte científico, pero no es coincidencia que veinte años después se desarrollara el primer satélite comercial.

Los inventos tecnológicos inspirados en la literatura no exentan a la ciencia: en “Un mundo feliz”, escrita en 1932 por Aldous Huxley, se describen criaderos humanos. Se dice que éstos inspiraron a las aplicaciones científicas de regeneración de tejido, el tratamiento de afecciones cardiacas, la Diabetes, el Cáncer o el Parkinson.

Finalmente, la ciencia ficción no es un género exclusivo de la literatura. En la serie televisiva “Star Trek, viaje a las estrellas, los personajes se comunican a través de un dispositivo móvil llamado communicator, éste es muy similar a los teléfonos inteligentes que tenemos hoy en día.

La mayoría de estos autores lograron imaginar estos inventos porque eran hombres de ciencia, sabían los adelantos científicos que se habían hecho en su época y, además, poseían la capacidad mental de imaginar qué pasaría años después.

Impresionante, ¿no es verdad?

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